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QUIMERA DE AREZZO

La Quimera de Arezzo, hoy en el Museo de Arqueología de Florencia | Crédito: Wikipedia.
A mediados de noviembre de 1553, los obreros que se afanaban en levantar una fortificación en las proximidades de la puerta de San Laurentino, en Arezzo (Italia), hicieron un hallazgo inesperado y sorprendente. Tras levantar una capa de terreno, entre la tierra apareció la atemorizante escultura de un león de bronce rugiendo amenazador.
No era el único hallazgo. Junto a la soberbia pieza, en estado fragmentado, aparecieron también otras pequeñas figurillas de bronce, correspondientes a imágenes votivas del dios etrusco Tinia. Poco después, el duque Cosme I de Médici, célebre por su pasión por el arte y las antigüedades clásicas, reclamó el hallazgo y se llevó la escultura al palacio Vecchio de Florencia.
Aunque en un principio se pensó que la estatua representaba a un león, tras comparar la imagen con antiquísimas monedas romanas y griegas, los sabios de la corte de Cosme llegaron a la conclusión de que se trataba de una imagen de Quimera, el monstruo de la mitología clásica –híbrido de león, cabra y serpiente– cuya historia había terminado siendo adoptada entre los etruscos.
Las primeras menciones que se conocen al mito de Quimera y Belerofonte se remontan a los poemas épicos de Homero y Hesíodo, en torno a los siglos VIII y VII a.C. En ellos se relata la historia de Belerofonte, un joven guerrero que había abandonado su Corinto natal tras asesinar al tirano Belero–o a su hermano, según las versiones–.
Tras recalar en la corte del rey Preto, la esposa de éste –Estenebea– le acusó falsamente de haber intentando seducirla, y el héroe fue castigado a viajar hasta el reino de Yóbates de Licia, llevando consigo una tablilla sellada cuyo contenido desconocía.
Yóbates leyó el mensaje inscrito en la tabla, en la que se decía que el portador de la misma debía ser asesinado. El rey licio no quiso eliminar a Belerofonte de forma directa, por lo que le encomendó una misión que creía imposible de cumplir con éxito: acabar con la temible Quimera, un monstruo que exhalaba fuego y aterrorizaba a los habitantes de la campiña.
Detalle de la inscripción presente en la pata de Quimera | Crédito: Wikipedia.
Para sorpresa del rey, Belerofonte se alzó con la victoria gracias a la ayuda de su caballo alado,Pegaso, consiguiendo salvar su vida y ganándose la mano de Filonoe, la hija de Yóbates. A raíz del mito, en la Antigüedad la historia de Belerofonte y Quimera fue a menudo interpretada como unsímbolo de la victoria de la cultura sobre la naturaleza, del derecho sobre la fuerza y del espíritu sobre la materia.
Cuando el mito se extendió entre los pueblos itálicos, y en especial entre los etruscos, la imagen de Belerofonte derrotando a Quimera acabó convirtiéndose en un símbolo de significado religioso, posiblemente vinculado con algún tipo de protección que garantizaba un viaje exitoso de los difuntos al mundo de ultratumba.
No faltan evidencias que apuntan en este sentido: las imágenes del mito aparecen a menudo en piedras preciosas, joyas y otros objetos depositados en tumbas etruscas. Algunas veces, incluso se han descubierto anillos con la imagen del mito dispuestos para adornar a los difuntos. Una iconografía que sugiere que Belerofonte acabó convirtiéndose en una especie de protector o benefactor de los muertos, capaz de interceder por su acceso al Más Allá.
Precisamente, parece que fue este el caso de la Quimera de Arezzo. Los historiadores consideran que casi con total certeza, la imagen tuvo una función religiosa. Entre otras cosas, porque en una de sus patas aparece la inscripción TINSCVIL, literalmente, “para Tinia”, indicando que se trataba dealgún tipo de ofrenda al dios principal del panteón etrusco.
Izda., relieve con mito de Belerofonte y Quimera; dcha., San Jorge matando al dragón | Crédito: Wikipedia.
Según los especialistas, lo más probable es que la imagen de Quimera –dada su postura defensiva– formarse parte de un grupo escultórico mayor, en el que originalmente se habría representado también a Belerofonte montando a lomos de Pegaso. La magnífica obra, por tanto, podría haber estado destinada en origen a algún santuario cercano a Arezzo, de ahí que se hallaran junto a la escultura numerosas figurillas votivas de Tinia.
Tras unos siglos en los que el mito y su iconografía cayó en desuso, las imágenes de Belerofonte y Quimera volvieron a hacerse populares a partir del siglo III d.C., cuando se puso de moda su representación en mosaicos de villas romanas.
Con la llegada del cristianismo las imágenes de Quimera fueron identificadas con el demonio, y la representación de Belerofonte contra el monstruo de tres cabezas acabó siendo reinterpretada desde un punto de vista cristiano, dando lugar a la popular iconografía de San Jorge a lomos de un caballo derrotando al dragón: de nuevo, la imagen del bien aplastando al mal.
Hoy la espectacular escultura de bronce puede contemplarse en el Museo Nacional de Arqueología de Florencia, donde Quimera sigue preparada para recibir el ataque de Belerofonte, en la misma postura amenazadora que le dieron los artistas etruscos que la crearon hace ahora unos 2.400 años.